Santo Sábado

Esta mañana miro por la ventana y entra 
en mí una frescura inocente, sin mancha.
Las calles solitarias, la luz limpia tras la 
lluvia, todo está bañado por una tranqui-
lidad inalterable... una tranquilidad que 
me dice que, aun cuando llegue la dificul-
tad y la tormenta, seguirá siendo inaltera-
ble.
Miro por la ventana y la felicidad me 
invade, como una ola viene... para quedar-
se, para revelarme una verdad, la única, 
para que me atenga a ella, para que 
persevere.
Qué bien me hace la gratitud que siento,
la paz despliega su Reino. Las pequeñas
hojas nuevas de los plátanos, como manitas
infantiles, me saludan y una ligera brisa 
sopla sobre ellas y las bendice.
Y ahora el cielo. Las grandes nubes que los 
ángeles descorren como una cortina dejan 
paso a claros azules, tan alegres, tan llenos
de vida, tan serenos y bienaventurados, 
el Señor nos envuelve y nos lleva a su
Reino en su amorosa teofanía.




 
Todas las circunstancias descansan en lo eterno,
descansan en la paz. Todo lo que ocurre 
descansa en la paz, en Dios. 
La paz, lo eterno, Dios, es el sustrato donde 
todo vive y se desarrolla.
Cuanto más cuenta nos damos de que esto es 
así, más vivimos en la paz, en la dicha de la 
paz, en Dios. 
Ya ocurran cosas agradables o desagradables,
favorables o desfavorables, ya vivamos en la 
holgura o en la precariedad, en la salud o en la 
enfermedad o nos llegue el momento de morir,
todo ocurre con ese sustrato de paz y de eterni-
dad que es nuestro más preciado tesoro.
Dándonos cuenta de esto vivimos cada vez más 
en paz. Lo favorable no nos vuelve locos y lo
desfavorable no tiene tanta importancia.
Lo que de verdad importa es que nos hemos 
dado cuenta de que todo ocurre sobre este firme
y maravilloso lecho de lo eterno, de la paz de 
Dios.
Y hay algo más de lo que podemos ser cons-
cientes, podemos notar que hay algo en noso-
tros que no es efímero, que no muere. Podemos 
notar que también algo en nosotros es parte de 
esta paz inalterable, de esta eternidad dichosa, 
podemos notar que somos parte de Dios.



                    Tu verdadera imagen 

Lejos de las discusiones teológicas, Dios vive...
en nuestro corazón vive.
Tu verdadera Imagen, Señor, es el universo.
Tú estás en todo, en cada cosa, 
de maneras que no sabemos 
ni alcanzamos a imaginar.
Tu Rostro, tu Icono Verdadero, es el universo.
Tú abrazas todo el universo abrazando 
cada pequeña cosa, 
tu amor enlaza a todas las criaturas


"La relación de Dios con el ser humano
significa que a cada instante se hace infinito
aquello que a cada instante se halla en el
ser humano".
                              Soren Kierkegaard,
                       en "Las obras del amor"


Jesús resucita a Lázaro.
El rostro de Jesús en esta pintura 
simplemente, serenamente, refleja la Verdad,
la Verdad del universo, la Verdad de la vida
y también nuestra Verdad: Él es la Verdad,
Jesús es el Amor y el Amor vence a la muerte.
Qué pintura ésta tan maravillosa, ninguna 
grandilocuencia, sencillamente... la desar-
mante Verdad

                      "La Resurrección de Lázaro",
                             de José de Ribera, 
                              Museo del Prado




                El Cristo de Andrei Rublev


Al ver este rostro 
siento que todos los terremotos, 
todas las desgracias y desastres, 
todas las guerras y violencia, 
los conflictos y sufrimientos, 
las muertes y crucifixiones, 
se quedan sin voz 
y son transfigurados

Al ver este rostro 
siento que hay algo infinitamente 
superior a nuestros intereses, 
el Espíritu se presenta de improviso 
y sabemos entonces que vivimos 
bajo el amparo de la eternidad

Podemos entonces dejar atrás 
todos nuestros miedos
y vivir siendo partícipes de lo eterno, 
de esta belleza

Siento algo ilimitado en mí, 
una aceptación sin límites, 
una entrega sin límites a este Espíritu
y sé que mi verdadera patria 
no es la tierra 
sino la eternidad

"Buscad mi rostro",
leo en los salmos 
y oigo en esta pintura. 
La esencia de este rostro
siento viviendo en mí, 
latiendo incontenible 
en todo, en todos nosotros, 
una silenciosa llama
de misteriosa verdad


                      "Cristo Redentor",
                       de Andrei Rublev,
                   Galería Tretiakov, Moscú


Unas palabras del filósofo italiano 
Massimo Cacciari sobre esta pintura 
de Rublev: 
"Entre guerras y dolor se abre a los ojos 
del espíritu la visión de la Paz, infinita, 
imperturbable, inviolable. 
Su potencia se armoniza con la mansedumbre 
que nada impone, nada juzga, sólo da".














 
        Exposición de Marc Chagall 
                    en Madrid

Ante estos grandes cuadros sobrecogedores
de Jesús en la cruz que curiosamente llevan 
el título de "Resurrección" o "Resistencia",
no puedo por menos de emocionarme y ma-
ravillarme ante el misterioso poder de su 
cruz vivificadora... que atrae todo hacia sí.
El extrañísimo poder de su amor que incluso 
en la cruz es ya Resurrección y señal de 
esperanza.
Ante estas pinturas siento con profunda y 
silenciosa certeza que no hay nada en el 
mundo que no lleve señal de ese amor que 
dio su vida por nosotros en una cruz, para 
salvarnos, para fecundar lo mejor en nosotros,
para que con su ejemplo nos transformemos,
para que con su ayuda transformemos nuestra 
ceguera en luz, para que seamos dignos de lo 
mejor en nosotros: lo eterno, la verdad, la 
belleza, el sumo bien. 
El mal en el mundo viene de la ignorancia 
de los hombres o por su consciente rechazo 
del bien. Pero aquí está el amor de Jesús, 
que trae la vida buena y alta: en estos cuadros, 
en los espectadores en silencio que los con-
templamos y, cuando salgo de la exposición, 
en cada cosa que veo, en la intensidad mis-
teriosa de los árboles invernales, en las nubes 
grises que engalanan el frío cielo de plata, 
reconfortante, iluminador, de Resurrección. 


                                 2 de marzo de 2024
                                     Marc Chagall
                                  fundación Mapfre






La canción del Viento

Invisible es la canción del Viento, 
pero él da respuesta 
a nuestras preguntas,
a todas ellas, 
a las de aquélla canción,
"Blowin´ in the wind",
a las que necesitemos hacerle.
Escucho al Viento invisible, 
escucho al Viento 
que habla más allá de las palabras
y también en ellas
y en el silencio
y sé que el Viento 
está contestando a todas mis inquietudes,
a todos mis anhelos, 
a todas nuestras desesperaciones y sufrimientos.
Este Viento que no oigo y no veo,
sin ninguna palabra
está apaciguando mi corazón,
está llenándolo de tranquila fe,
de dulce confianza, paz y sosiego,
obediente sabiduría,
de inspirada mansedumbre,
de feliz quietud,
está llenándome de tranquila esperanza, 
llenándome de un amor sin fin...
y yo me dejo inundar 
por el Viento 
y me entrego a Él


"El viento sopla donde quiere. Tú oyes su voz
pero no sabes de dónde viene ni adónde va.
Lo mismo sucede con todo el que ha nacido 
del Espíritu".
                                               Juan 3, 8



                        





El amor salva el mundo

Muchas veces oímos y leemos cosas y no les 
damos la importancia debida. No nos las to-
mamos realmente en serio, ni pensamos que 
tengan una importancia, una urgencia, una 
importancia capital en nuestras vidas.
Así, Jesús de Nazaret nos dice: "Amaos 
los unos a los otros". Y con esto no nos dice 
que nos amemos los lunes, miércoles y viernes.
Ni que si eres un político o un intelectual bri-
llante te dediques a enfrentar a la gente apoyado
en tus brillantes razones, para luego mirar 
condescendiente al pobrecillo de Nazaret mien-
tras piensas: "¡Desde luego, qué cosas se le 
ocurrían a éste, si supiera cómo es el mundo!"
Pero precisamente el mundo es un lugar difícil
por no hacer caso a este pobre de Nazaret. 
"Amaos los unos a los otros". Lo dijo una vez, 
pero sus palabras, como una campana, suenan
a través del tiempo, no dejan de sonar.


                      


 
El viento en el corazón

En uno de los poemas de su libro "Danger on 
peaks", "Peligro en las cumbres", Gary Snyder
dice: "Nunca podemos oír lo bastante el viento
entre los pinos".
El viento entre los pinos, en la tradición cultu-
ral y espiritual budista de Japón y China, a la 
que tanto debe Gary Snyder, es no sólo algo 
físico sino que hace referencia a una realidad
espiritual que está en todo y también en noso-
tros. Una realidad espiritual que manifiesta una 
libertad, una liberación y una paz, las cuales 
están en nosotros y fuera de nosotros, en nues-
tra esencia y en la esencia del universo.
Snyder dice que nunca podemos oír y estar lo 
bastante en contacto con ese viento, esa rea-
lidad. Es cierto. Hay veces en la vida en que el
dolor, el sufrimiento, hacen que nos sea muy
difícil conectar con esa realidad profunda. 
También las distracciones, los caminos equivo-
cados, nuestras estupideces y ceguera nos ale-
jan de este viento maravilloso. Como decía 
el poeta inglés William Wordsworth "el mundo
está demasiado con nosotros". Somos demasia-
do mundanos, en el peor sentido de la palabra.
Las palabras de Snyder son una advertencia y 
tienen algo de invocación, de oración. 
Invocación y oración para no apartarnos de ese
viento, de estar siempre en esa realidad.
Gary Snyder no cree en Dios. Yo sí, y en la tra-
dición católica a la que pertenezco, el viento es 
Dios, el Espíritu. "Ruach" es la palabra hebrea 
para este viento que es Dios.
Hay momentos en la vida en que no somos ca-
paces por múltiples motivos de oír este viento, 
de oír a Dios. Cuando nosotros no podemos 
acercarnos a Dios, Dios sí puede acercarse a 
nosotros.
Pero aunque no creamos en este viento, en esta
realidad, Dios sí cree en nosotros y no deja 
de hablarnos, de acompañarnos aunque no lo 
veamos.
Aunque las circunstancias de la vida y el dolor 
nos desesperan y nos hundimos, este viento 
está siempre a nuestro lado, y como Jesús ten-
dió la mano a Pedro y lo sacó de la tormenta 
del mar de Galilea, así también no deja de ha-
cerlo con nosotros.
Creo en ello con todo mi corazón, pero la sola 
hipótesis de que así sea, de que esa mano nos 
proteja y nos ayude, eso bastaría para abrir 
de par en par mi corazón y llenarlo de luz, 
mi corazón rebosante de amor y gratitud.











 
La noche llena el cielo,
la elocuencia de la noche 
aquieta nuestros pensamientos
y nos despoja de lo nuestro.
Algo solemne y vasto 
se desliza en nuestro ánimo
que nos hace olvidar 
el pequeño yo que éramos.
La noche abre una puerta, 
una puerta en nosotros,
para dejar atrás 
nuestras tristes y vanas certezas
y nos atrevamos a entrar 
en algo verdadero


                   ooo


El Amor existe 
aunque no lo veamos,
es el "te quiero mucho"
que te dice tu madre
y también si no te lo dice,
es Dios, eres tú, soy yo





 
Las nubes nos hablan de la majestad de Dios

Las nubes nos hablan de la majestad de Dios,
raudas por el Cielo, llenas de sol, 
radiantes y doradas, blancas resplandecientes,
sublimes y grises, y los pájaros
que se dejan llevar por esta inmensidad
y van dichosos, huéspedes del infinito.
Las nubes nos llevan a Dios,
a este Cielo inmaculado, Azul,
las nubes nos llevan a Dios, 
a nuestra verdadera patria, eterna, atrayente,
de la que esta vida nuestra, aquí en la tierra,
forma ya parte, no temáis a la muerte, 
es sólo un paso hacia más luz

                    ooo

Yo soy esa nube
que va hacia ti, Señor

 
Noticias del Cielo

Noticias del Cielo 
nos traen los que no destruyen,
los que no se aprovechan de los demás,
los que no hacen crecer el miedo, 
los que traen tranquilidad,
los que no propagan mentiras,
los que no enfrentan a la gente, 
los que no usan la razón
para arrastrar a la gente
al odio y a la confrontación,
los que no son guías ciegos,
los que aspiran a lo universal
y nos alejan de los que se inventan 
identidades falsas 
para amparar el capricho individual, 
o de un grupo o nación. 
Nos traen noticias del Cielo
los que nos recuerdan 
nuestra identidad verdadera:
ser hijos del Cielo,
ser hijos de la luz que dijo:
"Amaos los unos a los otros".
La razón del Amor, 
en verdad no hay otra razón,
ante ella todas las demás razones
son sólo polvo y cenizas
y polvo y cenizas es lo que dan.
Ésta es la noticia del Cielo
y de los hijos del Cielo,
el Amor que limpia el mundo
y nos da la paz, 
y nos susurra algo a cada uno,
sí, sí, a cada uno,
como el mirlo posado en la rama 
que al mirar otra vez ya no está 










Tu paz

Tu paz cae sobre nosotros como nieve, 
convierte cada momento
en un pequeño rincón de una catedral,
un rincón íntimo, oscuro y levemente luminoso,
de una catedral, de una pequeña capilla.
Tu paz es nieve, 
nos sosiega, nos calma,
su bondad nos envuelve, su amor. 
Jesús, tu paz, 
frente a ella todos los razonamientos
que nos llevan a la guerra y la confrontación
se desmoronan y caen, 
no prevalecen.
Estar en tu paz es una rara dicha, 
las palabras no saben decirla.
Estar en tu paz es rezar, 
es una oración de gratitud tranquila, 
de saber que no hay nada mejor,
de emocionada alabanza.
Da miedo estar sin ella, 
¿cómo podríamos vivir sin ella?
Tu paz, basta decir tu nombre, Jesús, 
o recordar tu imagen 
para estar en ella




 


 
     El amor salva los lápices, 
     el amor salva las cosas

Me gustaría decir algo sobre este breve poema,
pero no sé.
Pero sé que el amor puede crecer.
El amor de nosotros por las cosas y de las 
cosas por nosotros, el amor de las personas 
entre sí, "los movimientos del alma" que 
diría Leonardo.
Recuerdo a mi madre que decía que uno acaba
queriendo hasta los cartoncitos para sujetar 
la puerta. 
En la mano de una mujer descansa un lápiz, 
un pequeño lápiz que simplemente ama, 
ama y confía. 
Me acuerdo de los zapatos rotos que pintaba 
Van Gogh y de sus olivos que lloraban 
extendiendo sus ramas, extendiendo sus ramas
para traer el Cielo a la tierra. 
Y me acuerdo de la vela de la poeta Edna
Saint Vincent Millay que se consume 
ardiendo por los dos extremos para darnos 
toda su luz

                                             a Ángeles


                          ooo


                    Feliz Navidad

Hace dos mil años nació Jesús en Belén. 
Dijo algunas cosas y las vivió. 
Dijo: "Amaos los unos a los otros 
como yo os he amado, amad a vuestros 
enemigos".
También dijo: "El Reino de los Cielos 
está dentro de vosotros".
En cada uno de nosotros está el Cielo, 
en cada uno hay una chispa divina,
no hay nada ni nadie en todo el universo
que no tenga esta partícula divina, 
que no sea hijo de esta Creación.
Da igual si eres cristiano o no, 
creyente o ateo, belicista o pacifista, 
pro amnistía, o anti amnistía.
Da igual, lo que importa de verdad
y por encima de todo
es que en cada uno 
está el Reino de los Cielos, ésta es 
nuestra verdadera y única identidad.
¿Y en qué consiste esta identidad?
Jesús nos lo dice: "Amaos".
Consiste en el amor. 
Jesús nos dice que nos elevemos 
por encima de nuestras tercas 
y empecinadas posiciones, 
nos pide que depongamos las armas,
nos dice que no hagamos caso a los que,
so pretexto de tener razón,
quieren adentrarnos en el camino 
de la guerra y la confrontación.
Esto significa decir a alguien 
"Feliz Navidad": Jesús nos pide 
que miremos a esta chispa divina 
que hay en cada persona y en cada cosa
y que nos relacionemos con ellos 
recordando en todo momento 
que todos somos hijos de la luz.
Si hiciéramos caso a Jesús,
¿qué problema no desaparecería?
Y Jesús es tan delicado, tan discreto, 
que si nos fijamos bien, el mismo aire,
la luz, el silencio y hasta
una humilde mesa y todas las cosas, 
hasta la misma oscuridad, sin palabras,
no dejan de decirnos: "Amad,
amad como os amamos, Feliz Navidad"










                     


                             














 
El Lenguaje del Espíritu,
la Catedral de León

Entro en la Catedral de León
han pasado más de cincuenta años
desde que entré en ella por primera vez
cuando yo tenía doce.
La Catedral ha crecido en mí,
la siento de manera más plena,
no sé, quizá ser más conscientes
conlleve perder algo de la grandeza
que sobrepasa nuestra limitada razón.
Esta grandeza habla aquí
en esta Catedral.
Habla en sus piedras oscuras 
y en su cristal feliz
que nos eleva y nos desata 
de esta pobre tierra nuestra 
que mancillamos tanto.
El Lenguaje del Espíritu,
el Espíritu sabe sacar
bien del mal, ayúdanos.
Paseo por las naves de la Catedral,
me siento en sus bancos.
Dios se hace presente,
viene casi de puntillas
en el silencio, en la luz,
y ningún pensamiento nuestro,
ninguna preocupación,
ninguna voz, ninguna interrupción,
ningún teléfono móvil,
ningún eco de las bombas,
puede sobrepasar ni prevalecer
frente a este Dios amoroso
que todo purifica, todo salva,
y se cuela misteriosamente 
en nuestro corazón

a Laurentino Vega de Castro,
a su esposa e hijos.
Laurentino Vega tuvo un papel destacado
en la extinción del fuego de la Catedral 
de León en 1966, ver "El Adelantado de 
Segovia" de 13 de febrero de 2022.


               ooo

En la flor, 
en el enfermo, 
la constancia del cielo.


Este poema de tres versos procede
del libro "En el viento"












 
               Dad de comer a los animales

El hombre no es un animal de supervivencia, 
los animales tampoco,
a los animales dad pan espiritual.
A las ardillas dad nueces y avispas, 
a los barcos mástiles y sal,
a los orangutanes color marrón,
a los gorilas color negro.
Los hombres no somos la medida
de todas las cosas,
no somos la medida de nosotros mismos.
A los niños, a los hombres, 
dad su verdadera medida, 
dad el infinito, dad Dios, 
Dios a raudales.
A los soldados dad
la persuasión de lo eterno.
A las vírgenes dad sed y agua, 
a las mujeres hijos y luz,
a la amada el horror,
al sabio un ataúd, no necesita más.
Al ladrón dad una horca 
para que aprenda 
a sustraerse a la muerte,
al rey otra corona 
para que sepa que su reino 
no es de este mundo 
y tampoco del otro.
A los que se alimentan de raíces y frutos
dad raíces y frutos, pero advertidles 
que no han de envolverse de amor 
porque éste hace santa a la carne.
Dad de comer a los animales.
A vuestro primer hijo dad un hermano 
para que no os anuncie
que sois polvo y cenizas.
A los gatos dad una habitación 
y él labrará allí en cada paso 
el templo que habitará 
después de muerto.
A los árboles plantadlos en el Cielo
y así nadie podrá quitároslos.
A las montañas dad sus nombres verdaderos
y así no bajarán a despedazaros.
Dad de comer a los animales.
Al pobre dad sangre y carne y agua y seda
para que sepa que todo es nada,
al rico dad ropas en jirones 
por las que el viento entre y dance 
para que sepa que nada es todo.
Dad de comer a los animales.
A las corrientes de agua y a los ríos 
dad vuestro amor,
como ellos os dan el suyo,
para que su canto de agua 
se convierta en canto de carne.
Dad de comer a los animales.
Al silencio escuchadlo.
Si los dioses que habéis labrado 
os son adversos 
sed generosos y destruidlos.
Si los dioses que os preceden y gobiernan
os son adversos, os son propicios.
Si los dioses que habéis creado 
os son adversos, finalmente 
no tenéis porqué ir contra ellos,
¿porqué habríais de inquietaros?
el daño que un hijo puede hacer a su padre
no es un gran daño, lo sabe el padre.
Dad de comer a los animales.
Andad con cuidado en las encrucijadas,
antes de partir daos,
daos vosotros mismos a todos los animales.


                   
Este poema procede del libro 
"El refugio de las fieras", 
publicado por la editorial Frakson
en 1989.
El primer verso del mismo, "el hombre 
no es un animal de supervivencia",
proviene de una meditación 
del padre Bernardo Gianni O.S.B.









 






 



 
                 El Lenguaje del Espíritu
                   La Catedral de León

                        A los árboles
                   plantadlos en el Cielo
               y así nadie podrá cortarlos

El Espíritu nos habla superando nuestros cálculos.
Nos habla con la belleza visible y con la belleza 
invisible. Y por medio de cosas que no esperába-
mos, en la enfermedad, en la guerra y en la paz, 
en la muerte y en la vida, en lo bello y en lo feo.

               Hay una belleza más profunda 
               que la que ven los ojos, 
               la ve el corazón 
               y lo sabes

A esta belleza se entrega Pascal cuando dice: 
"La existencia de un alma es más valiosa que el 
universo visible".
De esta belleza, esta bendición, los Salmos dicen:
"Tu amor, Señor, vale más que la vida".

La primera vez que vi la catedral de León yo 
tenía 12 años y me pareció una maravilla, cómo 
me impresionó.
Dejó en mí una impresión, un sello vivo, que
nunca ha dejado de brillar.
Han pasado 57 años desde entonces y he vuelto
a la Catedral de León hace unos días. Y siento 
ante ella, como hace tanto tiempo, que estoy 
dentro de algo inabarcable, inexplicable, algo 
que supera mi entendimiento y de lo que jamás
podré ser plena, totalmente, consciente.
Y siento que me hace bien estar en ella, que 
estas piedras, esta luz de sus vidrieras, quieren 
mi bien. Quizá su luz me ha hecho bien siempre,
sin yo saberlo, desde que la vi por primera vez. 
Para ella estas palabras:

                     Señor, tu Luz amorosa
                     transforma todo,
                     purifica todo,
                     ilumina todo, 
                     eleva todo.
                     Señor, que tus rayos infinitos
                     lleguen siempre a mí







 
Canción de Alabanza,
dos nuevas partes

Soy la joven india que un tigre 
se llevó con la boca y luego mató.
Luché para que me soltara
y grité llena de horror.
Tenía dieciocho años cuando esto 
ocurrió y en esos años pude 
ver el cielo y los árboles 
y a mis seres queridos.
En esto que os cuento 
también hay que acordarse 
de que fui alimento para el tigre
y alivié su hambre. 
Sé que soy parte de algo o de Alguien 
que va más allá de mi interés personal
y que tiene un sentido, y es muy grande
y misteriosamente admirable y maravilloso.
Mi alma canta esta canción de alabanza

Yo soy Olga Sedakova y escribo
poesía y escribí un poema sobre 
el ángel de la catedral de Reims
que perdió una mano en un bombardeo
en la segunda guerra mundial 
y el ángel con su sonrisa maravillosa 
me pregunta: "A pesar de todo el horror
y la crueldad y la violencia, ¿estás 
preparada para una felicidad inefable?"
Y yo le digo: "Sí, quiero".
Mi alma canta esta canción de alabanza


El poema "Canción de Alabanza" se puede 
leer en este blog y procede del libro 
"Almas distantes", publicado por la 
editorial Pamiela en 1999.


                             ooo


El siguiente poema es de Mary Oliver,
el poema se llama "Seis Reconocimientos 
del Señor" y procede de su libro "Thirst",
"Sed". 
Aquí muestro el Cuarto Reconocimiento.
En él Mary Oliver se dirige a Dios.

                               4

Por supuesto que siempre he sabido que tú
estás presente en las nubes y en el 
roble negro que especialmente adoro y en 
las alas de los pájaros. Pero estás también 
presente en el cuerpo, escuchando al cuerpo,
enseñándole a vivir, en vez de con todo 
ese contacto, con alegría incorpórea.
No conseguimos esto fácilmente. Hemos 
vivido tanto tiempo en el cielo del tocar,
y mantenemos nuestra mutabilidad, nuestro 
predominio de lo físico, incluso cuando 
empezamos a percibir el otro mundo. 
Lentamente damos nuestra respuesta apreciativa. 
Lentamente la apreciación crece hacia 
el asombro. Y entramos en el diálogo
de nuestras vidas que está más allá de toda 
comprensión o conclusión. Es misterio. 
Es amor a Dios. Es obediencia.


                         ooo


Iglesia de San Pascual, madrid, 
agosto de 2023

Señor, incluso desde la cruz 
nos miras con amor 
y nos amas,
me dan ganas de abrazarte









 
Señor, tú estás aquí
en esta habitación,
qué extraordinario poder escribir esto.
Quién sino tú puede dar 
a esta pequeña habitación
esta belleza misteriosa,
discreta, elocuente, exultante
y humilde a la vez, inabarcable...
Tú estás aquí en el silencio que habla
con una voz alegre, estimulante, 
reconfortante, llena de estrellas.
Tú estás aquí y me enlazas
a este universo de una grandeza
inefable pero que el corazón comprende
con gratitud, con felicidad

                             4 de julio, en madrid


                   ooo


De camino a la peluquería coincido con una monja
quizá católica en un semáforo. Debe andar por los 
sesenta y muchos. Su hábito es azul oscuro y su 
rostro es luminoso. Cruzamos el semáforo, vamos 
en la misma dirección, tiene una andar ligero, ágil,
irradia claridad y determinación. Siento que me está 
enseñando algo justo ahora: la determinación, firme
y suave al mismo tiempo.
Va más rápida que yo y veo que entra en una farma-
cia. Al lado hay una guardería para niños de hasta 
tres años donde alguna madre está dejando a sus 
críos. La monja está un buen rato en la farmacia.
Estoy esperando a que salga porque todavía siento 
que tiene algo más que decirme, que enseñarme. Y
así es, desde la acera de enfrente de esta calle soli-
taria, la oigo decir un cariñoso "hola" a algún niño 
en la puerta de la guardería, un"hola" de cercanía, 
de buena disposición, de estar a favor del niño a 
quien dirige su saludo jovial y alegre, cooperador.
Siento que ya me ha dicho lo que me tenía que de-
cir. Va rápida, ésta es su última enseñanza: que tene-
mos que estar atentos a las señales que Dios nos da,
Jesús va rápido, y aunque es insistente, no quiere 
que perdamos el tiempo, tiene muchos a los que 
atender.