En silencio llamé
a la inmensidad
y más rápida que el eco,
incluso antes de mi llamada,
la inmensidad, con su mismo nombre,
me llamó a mí

          ooo

Qué importa
mi suerte personal
si he visto el sol
y el Moisés de Miguel Ángel,
si soy heredero
y partícipe de esa gloria

          ooo

Todo es uno,
se ofrece a ti

                  pensando en Leonardo


El mirlo canta

             Madrid, 29 de marzo de 2018

Primeros azules del día en el cielo,
el mirlo canta,
el mirlo da forma a la mañana,
el mirlo maravilloso
eleva su canción
de gozo, de gloria, de alabanza,
de vida plena, de ser ilimitado,
de infinita dicha.
Su canción no es ponderada
en los periódicos,
su regalo no es oído
en ningún medio de comunicación,
la Academia sueca
no le concede el Nobel.
El mirlo no da conciertos
en la Ópera de Viena,
no tiene pensado ir
al Auditorio Nacional o al Liceo,
pero, quién sabe,
quizá se pose un rato
sobre el balcón de tu casa,
la Fenice o la Scala.
Amanece, el mirlo
ha traído de la noche la mañana,
el mirlo es, el mirlo canta.
Emocionado, escucho, doy gracias.
Su canto transparente vence,
vence al sufrimiento,
a toda preocupación y adversidad,
a todas las muertes.
Su canción nos lleva,
nos lleva a nuestro corazón verdadero,
nos revela
que nuestro corazón es como el suyo,
es el suyo, sólo un corazón, sólo uno,
alegre, invencible, eterno


El Silencio, la música del Alma

El Silencio quiere que le escuchemos,
nos acompaña siempre,
está en nosotros todo el tiempo
y apenas nos damos cuenta.
Todo el tiempo está manando,
manando como un río tranquilo
que no tiene prisa en llegar
a ningún sitio porque ya ha llegado

Así es el Silencio.
Él nos libra de tantas cosas,
nos libra de nuestras preocupaciones,
de los miedos que nos acosan,
de tanta angustia.
Es un bálsamo donde descansar,
nos libra de toda la basura del mundo,
el Silencio se sobrepone
a todo ese torbellino interior y exterior
y nos da la paz,
nos da su amor

Él nos libra de tantas necesidades falsas
que nos quieren crear, nos hace libres,
ligeros, verdaderamente independientes.
No nos cuenta mentiras.
Para ser verdaderos
hay tantas cosas superfluas
que no necesitamos...
Para ser libres y gozar
de lo que somos y ya tenemos
nuestro gran bien
es la paz de nuestro corazón,
la paz del Silencio

El país del Silencio
es el más acogedor,
hermana a todos los hombres,
a todos los seres.
Es un país que no hace falta fundar,
ya está fundado, está vivo
en nosotros si lo escuchamos

No nos hace falta
tener tantas cosas,
ni ser tantas cosas,
ni prestar atención
a todo los que nos distrae y nos abruma
y al cabo sólo nos daña

El Silencio es puro,
no dice nada sobre sí mismo, pero es.
Siempre aquí,
apoyándonos,
deshaciendo quimeras,
extinguiendo todos los fuegos.
Para mi, el Silencio es la palabra
más alta, la mejor música,
es verdadero amor, luz.
Quizá el silencio es Dios


Nuestra respiración
es la respuesta que encaja perfectamente
con la inmensidad que nos rodea.
Nuestra respiración
es esa misma inmensidad,
esa misma divinidad
respirando siempre


                       a Vicente Marín Delgado,
                       Hermano Marista,
                       acogiéndonos siempre


Hola Juan, aquí,
entre los árboles
y las estrellas
y el frío maravilloso de la noche

               
                   al pintor Juan Lorrio


Un silencio de siglos,
un silencio sin fin, descanso sin fin,
en esta pintura de Van der Neer,
en el anciano con el bastón
que vuelve a casa ya anochecido,
en el caballo y el perro,
en la barca en el río,
en la luna,
en las casas oscuras,
en los árboles contemplativos,
en mí


Hojas de otoño

Las hojas de otoño somos nosotros.
Ayer caían como lluvia
las hojas de otoño sobre mí.
Cuando nacen me gusta mucho
su color verde,
pero ahora quizá me gusten más.
Sus colores marrones, anaranjados,
amarillos, rojizos, expresan toda su vida.
Las hojas de otoño dejan los árboles,
dejan los árboles
y caen
y nutren a la tierra.
Tampoco nosotros desapareceremos,
así sea, así es.
Para mí, las hojas de otoño
son una celebración,
una celebración de la vida infinita.
Ayer, con las hojas cayendo sobre mí,
era feliz.
Una lluvia de hojas,
una nevada de hojas,
como nosotros, hombres y mujeres,
los ángeles y las criaturas de barro,
los niños y los viejos,
los humildes y los soberbios,
los pobres y los santos,
como copos de nieve en las manos de Dios


                         
                             a Juan Antonio Díaz


Ante "El Jardín del Amor", de Rubens

Mucho tiempo mirándolo,
viene de él algo maravilloso,
una paz, una dulzura.
Me siento unido
a estos hombres y mujeres,
me dan algo tan noble, tan bueno.
No sobresale, al mirarles, su individualidad,
sino algo superior, más alto,
que les hace más felices y amables,
más pacientes y sabios;
se siente que están habitados
por una paz elemental y amorosa
donde todas las individualidades gozan,
una paz que abarca los árboles, las nubes,
el cielo del anochecer, la luna,
y a la que todos ellos se entregan.
Yo también me entrego con ellos
a este sentimiento de dicha y descanso
que se extiende fuera del cuadro,
como una ola que desea bañar el mundo.
Hay un amor que se respira en este Jardín,
es un amor espiritual
que surge de la materia santa.
El mundo debería ser
una prolongación de este Jardín,
no lo que muchas veces es,
un lugar hostil, enfangado
por la ceguera de los hombres.


Siempre he sido libre, independiente,
siempre ha habido en mí,
como también en ti,
una ventana para ver el cielo


La materia se vuelve espíritu,
se vuelve santa,
se vuelve santa por medio del amor.
La materia ya es espíritu,
ya es santa,
desde el principio,
desde siempre.
Los hombres la desvirtúan,
la rebajan y maltratan
si no la aman

Le vi varias veces,
un hombre de unos cincuenta y tantos años,
alto, delgado, vestido humildemente,
él mismo humilde,
coincidí con él varias veces
en la iglesia de Santa María de los Ángeles.
El hombre me impresionó
porque emanaba de él
un silencio dulce,
una mansedumbre bendita,
le tengo presente,
estoy con él,
se mueve en mí,
es un ángel,
se mueve en Dios

En el Cristo crucificado
vemos, no el poder de la muerte,
vemos el poder de la Luz,
el poder de la Vida,
de la Vida Eterna

Cristo crucificado,
de Tiziano, pintado hacia 1565,
cuando el pintor tenía unos 75 años.
Monasterio de El Escorial


En mí, no en mi cuerpo,
brilla una luz,
me recojo y descanso
en esa luz

                 a Mercedes Ramírez


Paz

Hay en este libro, "Petirrojos de los tiempos modernos",
una errata muy singular, una distracción mía al corregir
las pruebas.
Se trata de un poema que denuncia la explotación que
ejercen los poderosos sobre los humildes.
El siguiente poema es muy breve y dice esto: "Había
un hombre que nunca decía lo que le pasaba, sólo
paseaba en paz entre los campos de batalla".
La errata consiste en haber unido los dos poemas:
el beligerante y el pacífico. Ahora son uno sólo y
el contraste que se produce entre la firme protesta
y la dulzura final, pacífica y enigmática, es, a mi
parecer, enriquecedor. Doy gracias por esta errata.
La capacidad de estar en paz y, por tanto, de irra-
diar paz aun en medio de los problemas, el dolor
y las guerras. La capacidad de dejarlos atrás...
Hay una imagen que me viene a la memoria que
habla maravillosamente de esta capacidad. Es la
pintura "La Aparición de Cristo a los hombres",
de Alexander Ivanov, un pintor ruso, contemporáneo
de Friedrich. Jesús viene hacia los hombres, hacia
nosotros, y es como si la refrescante brisa de la ma-
ñana, la bienaventurada luz de la mañana, se hubiera
convertido en una persona. Su paz se eleva por en-
cima del mal y lo limpia, la paz es transformadora,
redentora. No sólo es sobrenatural. Lo más maravi-
lloso de esta pintura es que nos revela que esta paz
amorosa, que nos puede parecer divina e inalcanza-
ble, es también plenamente humana, nos hace plena-
mente humanos, y por tanto herederos del Espíritu.
Así sea.

(Esta errata aparece en la edición en papel del libro
"Petirrojos de los tiempos modernos", publicado
en la editorial "Dosparedesy1puente" en la co-
lección "Migajas" en la primavera de 2017.
Esta edición recoge poemas que no aparecían
en la edición anterior, publicada en este blog
hace ya varios años).