a Juan Antonio Díaz


Ante "El Jardín del Amor", de Rubens

Mucho tiempo mirándolo,
viene de él algo maravilloso,
una paz, una dulzura.
Me siento unido
a estos hombres y mujeres,
me dan algo tan noble, tan bueno.
No sobresale, al mirarles, su individualidad,
sino algo superior, más alto,
que les hace más felices y amables,
más pacientes y sabios;
se siente que están habitados
por una paz elemental y amorosa
donde todas las individualidades gozan,
una paz que abarca los árboles, las nubes,
el cielo del anochecer, la luna,
y a la que todos ellos se entregan.
Yo también me entrego con ellos
a este sentimiento de dicha y descanso
que se extiende fuera del cuadro,
como una ola que desea bañar el mundo.
Hay un amor que se respira en este Jardín,
es un amor espiritual
que surge de la materia santa.
El mundo debería ser
una prolongación de este Jardín,
no lo que muchas veces es,
un lugar hostil, enfangado
por la ceguera de los hombres.


Siempre he sido libre, independiente,
siempre ha habido en mí,
como también en ti,
una ventana para ver el cielo


La materia se vuelve espíritu,
se vuelve santa,
se vuelve santa por medio del amor.
La materia ya es espíritu,
ya es santa,
desde el principio,
desde siempre.
Los hombres la desvirtúan,
la rebajan y maltratan
si no la aman

Le vi varias veces,
un hombre de unos cincuenta y tantos años,
alto, delgado, vestido humildemente,
él mismo humilde,
coincidí con él varias veces
en la iglesia de Santa María de los Ángeles.
El hombre me impresionó
porque emanaba de él
un silencio dulce,
una mansedumbre bendita,
le tengo presente,
estoy con él,
se mueve en mí,
es un ángel,
se mueve en Dios

En el Cristo crucificado
vemos, no el poder de la muerte,
vemos el poder de la Luz,
el poder de la Vida,
de la Vida Eterna

Cristo crucificado,
de Tiziano, pintado hacia 1565,
cuando el pintor tenía unos 75 años.
Monasterio de El Escorial


En mí, no en mi cuerpo,
brilla una luz,
me recojo y descanso
en esa luz

                 a Mercedes Ramírez


Paz

Hay en este libro, "Petirrojos de los tiempos modernos",
una errata muy singular, una distracción mía al corregir
las pruebas.
Se trata de un poema que denuncia la explotación que
ejercen los poderosos sobre los humildes.
El siguiente poema es muy breve y dice esto: "Había
un hombre que nunca decía lo que le pasaba, sólo
paseaba en paz entre los campos de batalla".
La errata consiste en haber unido los dos poemas:
el beligerante y el pacífico. Ahora son uno sólo y
el contraste que se produce entre la firme protesta
y la dulzura final, pacífica y enigmática, es, a mi
parecer, enriquecedor. Doy gracias por esta errata.
La capacidad de estar en paz y, por tanto, de irra-
diar paz aun en medio de los problemas, el dolor
y las guerras. La capacidad de dejarlos atrás...
Hay una imagen que me viene a la memoria que
habla maravillosamente de esta capacidad. Es la
pintura "La Aparición de Cristo a los hombres",
de Alexander Ivanov, un pintor ruso, contemporáneo
de Friedrich. Jesús viene hacia los hombres, hacia
nosotros, y es como si la refrescante brisa de la ma-
ñana, la bienaventurada luz de la mañana, se hubiera
convertido en una persona. Su paz se eleva por en-
cima del mal y lo limpia, la paz es transformadora,
redentora. No sólo es sobrenatural. Lo más maravi-
lloso de esta pintura es que nos revela que esta paz
amorosa, que nos puede parecer divina e inalcanza-
ble, es también plenamente humana, nos hace plena-
mente humanos, y por tanto herederos del Espíritu.
Así sea.

(Esta errata aparece en la edición en papel del libro
"Petirrojos de los tiempos modernos", publicado
en la editorial "Dosparedesy1puente" en la co-
lección "Migajas" en la primavera de 2017.
Esta edición recoge poemas que no aparecían
en la edición anterior, publicada en este blog
hace ya varios años).


Un anciano

"Somos las piedras vivas...
Nos dejamos habitar por el Espíritu Santo...
La respuesta del Señor Jesús es esa promesa
que mantiene despierto nuestro corazón,
que nos hace vivir el tiempo ya no como
maldición que devasta, sino al contrario,
como rejuvenecimiento de toda nuestra vida..."

                             Padre Bernardo Gianni


Un anciano se inclina sobre la tierra
trabajosamente, casi penosamente,
para plantar unas semillas
y el sudor le corre por la frente.
Alza su rostro hacia nosotros
con una maravillosa sonrisa. 
Donde esperaba ver cansancio,
seriedad, quizá incluso tristeza o queja,
hay cansancio, sí,
pero también esta luz gloriosa
de su sonrisa.
Es la sonrisa de un monje
que me enseña, nos enseña,
a transformar nuestra Cruz


Las rosas en el frío

Las rosas en el frío,
inmutables, impasibles.
Entregadas, como el frío mismo
aprendiendo de ellas,
a un tiempo diferente.
No el tiempo de la muerte
que a todo pone final
y divide y limita todo.
Las rosas maestras,
de las que todos aprendemos,
sabias por su humildad,
se entregan a un tiempo
que no conoce término
y a nada pone fin,
un tiempo más íntimo,
esencial, de dulce serenidad,
que nos espera siempre,
nos acompaña siempre
y nos revela el verdadero latido
de nuestro verdadero corazón

El sufrimiento
es una perla que brilla
en la oscuridad
y espera ser rescatada
por la luz


Domingo de luz, domingo de resurreción

                 I

Una gran hermandad de almas,
todas las almas
en este universo,
ningún animal, ninguna planta,
ningún hombre o mujer
ha muerto nunca,
dejad el sufrimiento
y ved la realidad de la vida

                 II

No hay límites.
No hay muerte.
Somos toda esta canción inabarcable,
esta infinitud
a la que nadie ni nada
es ajeno

También ante la pintura de la Basílica
y la Plaza de San Marco en Venecia,
de Canaletto

Este cuadro de Venecia de Canaletto
estaba ya ocurriendo
antes de que existiera Venecia

Sus personajes tienen tiempo
de atender a sus tareas cotidianas
y también, en ellas,
de contemplar, saborear, la eternidad

                 III

El Espíritu va más allá
de pensar que todo
es un hecho limitador e incontrovertible,
va más allá de pensar y sentir
que hay muerte en todo

                 IV

Con estos grandes árboles,
estas secuoyas,
de varios cientos de años,
con el viento,
el viento de todo,
este gran ser
que somos
y que nos protege
siempre

                 V

Abracé la secuoya
y la besé,
con los ojos cerrados
veo una gran expansión
rojo oscura, vibrante,
la luz y la sangre de la vida,
la sangre de Cristo,
la luz del Atman,
una expansión infinita
con infinitas raíces
que están interconectadas
y esas raíces somos nosotros,
todos los seres del universo
viviendo sin fin
y sin muerte
en este árbol infinito,
este mar rojo,
luminoso y salvador
que somos nosotros.
Y mientras escribo estas palabras
el viento maravilloso
recorre los árboles
y me recorre
y un pajarillo,
un carbonero,
se posa sobre el tronco
de la secuoya y canta

Aleluya, Aleluya, Aleluya


San Francisco respiraba

San Francisco de Asís
respiraba como los árboles
meciéndose dulcemente
con ellos en el viento

San Francisco de Asís
respiraba como el agua
obediente y alegre

San Francisco
respiraba con el fuego
elevando su llama
para juntarse con la Tuya

San Francisco respiraba
con los pájaros y los lobos
porque se sentía una criatura
entre Tus criaturas

San Francisco respiraba
con la noche y las estrellas
porque sentía que la oscuridad
está llena de luz

San Francisco respiraba
con la pobreza
porque sabía que ella nos guía
a nuestra riqueza verdadera

San Francisco
respiraba con la muerte
porque le daba pena esa mujer
tan temida y odiada

Respiraba con la muerte,
le daba mucha tranquilidad
saber tan bien como sabía
que no es la muerte el final,
sino la fidelidad a un camino
maravilloso sin fin

Por eso era santo,
porque veía que todo es santo
y en todo te veía a Ti


Hablando con una amiga
sobre antiguos amigos
me doy cuenta
de que somos algo más
que todas las cosas
que nos suceden.
Todas esas circunstancias
de nuestras vidas,
mientras hablamos me doy cuenta,
se desvanecen en el aire...
se entregan y acogen al aire...
el aire de la conciencia.
Mientras hablamos
queda tan sólo en mí
esta conciencia:
liberadora, clarificadora,
límpida expansión innegable,
amorosa,
lo que somos esencialmente,
esta inmortalidad infinita
 


Cada cosa
que tocas
es Dios

La inmensidad está en mí
mi vida verdadera no tiene fin
mi cuerpo verdadero es el universo

Cómo no acudir
a la llamada
de esta maravilla