El lirio florece para su imán

La anciana de la casa de enfrente
como un personaje de Andersen
parece rezar en su habitación a oscuras
como una pequeña vela

Veo el cielo

Veo el cielo
y me parece ver
que aquellos días lejanos
de hace cincuenta años en El Espinar
con mis primas Tate, Lule y Jaime...
aquellos días se han abierto,
se han expandido y son éstos,
este mísmo día,
un único día

Eric y su madre

Eric y su madre
se pasan el día en la gloria.
No hay más que oírles,
ella le habla y le habla,
y se ríe de él y con él,
el pequeño Eric
de apenas un año de edad.
¿Cómo cabrá Dios
en una casa tan pequeña?
El caso es que ahí está,
entre Eric y su madre


Toma un avión

El otro día en el autobús,
de repente, se me cerraron los ojos
mientras estaba pensando
en algo irrelevante
y así, tal como lo cuento,
entré en otra dimensión.
Sin yo quererlo, sin más,
con mis ojos cerrados
dejé de pensar pero no de sentir.
Estaba como dormido,
quizá muerto,
o verdaderamente vivo.
No sentía que hubiera perdido nada,
al contrario, todo ahora
era más real,
más elocuente y significativo.
Al decir todo, me refiero
a todo, en conjunto,
que es como el mundo
o la existencia aparecía
ante mis ojos cerrados

Toma un avión,
si puedes,
aunque no puedas
un avión te toma,
dondequiera que estés,
sin necesidad de moverte,
y llegas instantáneamente
a lo que de verdad eres


Para un cuadro de Caravaggio
que ya no existe y existe aún,
"La resurrección de Cristo"

De los que lo vieron
nos ha llegado algún comentario
que nos permite colegir
que nos hubiera conmovido.
Un hombre saliendo de su tumba
para encontrarse con sí mismo,
para, maravillado y a la vez
con naturalidad,
darse cuenta de que es luz.
La misma luz
con la que resucitó a Lázaro
le resucita ahora a él,
como también a nosotros,
amén


Las largas avenidas del verano,
con el sol en las casas
en las tardes interminables.
Las apacibles lecturas
o no tan apacibles.
La presencia de los que amamos,
no se fueron,
y están ahí,
de una manera
que nunca hubiéramos imaginado.
"Hey Jude" de Lennon y McCartney
que una pareja joven canta
sentados sobre la hierba.
Los veranos de la infancia
que vuelven en silenciosos retazos
como pequeñas nubes casi inmóviles,
nuestra vida que no nos pertenece,
como el verano sin fin,
el verano que nos ama

El viento
en el Camposanto de Pisa
habla de eternidad


La luz nos ama,
la luz nos salva,
no la luz del quinto pino,
ni la del más allá,
sino la del más acá,
la que da en la pared por la mañana
y encantaba a mi mujer de pequeña,
la que hace sonreír
al que está por morir,
la que nos acompaña siempre,
la que hace de la oscuridad
una paz fértil,
la que se expande por todo el universo
y hace de él un jardín sorprendente,
sí, al cabo, la que viene del más allá,
pues donde nuestros ojos no llegan
nosotros sí,
la que nos anima y nos da confianza,
la que está dentro de nosotros
y no nos deja desesperar

A veces oigo a Juan,
que bautizó a Cristo,
cantándole al silencio
en el desierto

Alimento

En el Evangelio del Libro de Kells
una ilustración
muestra a varios animales
comiendo la Sagrada Forma,
el Cuerpo de Cristo.
En este vasto universo
nada hay que no sea alimento
para otro ser, somos uno.
Del amor recibimos alimento,
con amor somos alimento.
¿No pervierte la crueldad
este sacramento humilde y profundo?



Nubes

Llevo más de hora y media
disfrutando de las nubes,
a veces me fijo también
en alguna persona.
Las nubes no están ahí principalmente
para que fijemos
en la memoria su forma exacta,
sino para que nos expandamos...

Ellas nos elevan
por encima de los límites
y las mezquindades.
Las nubes nos recuerdan
la riqueza que hay en nosotros.
Nos llevan y hacen que nos deshagamos
con ellas en el azul,
nos recuerdan nuestro destino:
dejar atrás nuestra ignorancia
y recobrar el infinito, la plenitud que somos,
ser felices, como ellas

De las personas en las que me he fijado
a lo largo de todo este tiempo,
sólo una, todos los demás
parecían ir metidos
en su pequeño mundo
de empequeñecedores asuntos,
sólo una monja católica
me ha parecido que estaba
en plena armonía con las nubes.
Me he cruzado con ella en la calle de Alcalá,
su paso ligero, alegre,
su mirada resuelta, su sonrisa maravillosa...
una mujer celestial, una nube...


15 de Abril de 2016,
cerca de la plaza de Cibeles
y de la Gran Vía en Madrid,
y en recuerdo de otra nube,
El Duomo de Florencia,
Santa Maria del Fiore


Hace unos minutos
la vela se ha apagado
pero su luz inolvidable sigue

en el silencio,
en la vida,
en los que ven

en las palabras despectivas
de los que no creen,
en la respiración de los niños
y de los que son como niños,
Geny, en tu corazón bondadoso,
en muchos sitios
que no esperábamos

No hay oscuridad,
hay esta luz en paz,
latiendo, latiendo,
en el aire,
en cada rincón,
elevándolo,
dentro de nosotros,
amándonos,
guiándonos,
esta luz
que no necesita llama
para brillar


Sobre Georges de La Tour

Las madres de Georges de La Tour
con su recién nacido
a la luz de una vela.
La gravedad, la solemnidad,
del rostro de la madre
y la escena, me hace pensar
que el niño podría ya haber fallecido.
Siento que estoy ante una escena
importante y fundamental,
una celebración de la vida y la muerte.
Y más aun, de algo que trasciende
la vida y la muerte,
una vida imperecedera
que somos
respirando en silencio, tranquila,
a la luz de esa vela


ooo


Los cuadros de La Tour son oraciones,
las oraciones de la gente
que ha pasado por la tierra rezando,
rezando la oración de la pobreza,
la oración de la humildad,
la oración del silencio,
la oración de una palabra como una llama,
la oración de la paciencia,
la oración de la fe y la inocencia,
la oración de ver a Dios
en los demás, en todas las cosas
y también en los zapatos viejos,
la oración de la entrega
a lo eterno que habita en nosotros...



Hace años escribí un breve poema,
ahora al ver estos cuadros de La Tour
recuerdo aquel poema:

En mi, no en mi cuerpo,
brilla una luz,
me recojo y descanso
en esa luz