Tenemos un sol en el corazón
que nos da la vida
y nos libra de todo mal

Veo brillar la vida

Veo brillar la vida
en la sonrisa de mi madre,
veo brillar la vida
en las piedras doradas por el sol
al final de la tarde
en Santa María Novella,
en la eternidad de mi pecho sin miedo,
en el silencio y la paz de los árboles,
en la palabra apasionada del padre Bernardo,
en los poemas de Borges y Wordsworth,
Wang Wei, Po Chu I y Ryokan,
en las avenidas de la amistad

Veo brillar la vida
a pesar de tantas cosas,
veo brillar la vida
en la abnegación de mi sobrina Geny,
en el sol luminoso que es mi esposa,
en la noche de estrellas,
en la oscuridad

Veo brillar la vida
en tantas pinturas que nos dan vida,
en la bondad y dulzura de Leonardo,
la eternidad de Tiziano, de Rubens,
Daniele Crespi y Carracci,
Miguel Ángel, Caravaggio y Bellini,
en una Madonna de Van Hemessen,
en una Virgen cuya luz está en nosotros
de un discípulo anónimo de Patinir

Veo brillar la vida
con Juan Antonio Díaz
cuando vamos a los cuadros
obedientes a la vida
y la vida se nos da
 

Todas las lágrimas
son enjugadas
por el cielo
tú eres el cielo

El sol blanco de invierno
y sus destellos
como la cola de un pavo real,
la calle y los árboles blancos,
alguna hoja vuela en el aire
y va cayendo como nosotros
en el infinito

5 de enero de 2017


Los cuadros de La Tour son oraciones,
las oraciones de la gente
que ha pasado por la tierra rezando,
la oración de una palabra como una llama,
la oración de la pobreza, el silencio y la paciencia,
la inocencia y la fe

a Juan Lorrio, pintor de la inocencia también


El lirio florece para su imán

La anciana de la casa de enfrente
como un personaje de Andersen
parece rezar en su habitación a oscuras
como una pequeña vela

Veo el cielo

Veo el cielo
y me parece ver
que aquellos días lejanos
de hace cincuenta años en El Espinar
con mis primas Tate, Lule y Jaime...
aquellos días se han abierto,
se han expandido y son éstos,
este mísmo día,
un único día

Eric y su madre

Eric y su madre
se pasan el día en la gloria.
No hay más que oírles,
ella le habla y le habla,
y se ríe de él y con él,
el pequeño Eric
de apenas un año de edad.
¿Cómo cabrá Dios
en una casa tan pequeña?
El caso es que ahí está,
entre Eric y su madre


Toma un avión

El otro día en el autobús,
de repente, se me cerraron los ojos
mientras estaba pensando
en algo irrelevante
y así, tal como lo cuento,
entré en otra dimensión.
Sin yo quererlo, sin más,
con mis ojos cerrados
dejé de pensar pero no de sentir.
Estaba como dormido,
quizá muerto,
o verdaderamente vivo.
No sentía que hubiera perdido nada,
al contrario, todo ahora
era más real,
más elocuente y significativo.
Al decir todo, me refiero
a todo, en conjunto,
que es como el mundo
o la existencia aparecía
ante mis ojos cerrados

Toma un avión,
si puedes,
aunque no puedas
un avión te toma,
dondequiera que estés,
sin necesidad de moverte,
y llegas instantáneamente
a lo que de verdad eres


Para un cuadro de Caravaggio
que ya no existe y existe aún,
"La resurrección de Cristo"

De los que lo vieron
nos ha llegado algún comentario
que nos permite colegir
que nos hubiera conmovido.
Un hombre saliendo de su tumba
para encontrarse con sí mismo,
para, maravillado y a la vez
con naturalidad,
darse cuenta de que es luz.
La misma luz
con la que resucitó a Lázaro
le resucita ahora a él,
como también a nosotros,
amén


Las largas avenidas del verano,
con el sol en las casas
en las tardes interminables.
Las apacibles lecturas
o no tan apacibles.
La presencia de los que amamos,
no se fueron,
y están ahí,
de una manera
que nunca hubiéramos imaginado.
"Hey Jude" de Lennon y McCartney
que una pareja joven canta
sentados sobre la hierba.
Los veranos de la infancia
que vuelven en silenciosos retazos
como pequeñas nubes casi inmóviles,
nuestra vida que no nos pertenece,
como el verano sin fin,
el verano que nos ama

El viento
en el Camposanto de Pisa
habla de eternidad


La luz nos ama,
la luz nos salva,
no la luz del quinto pino,
ni la del más allá,
sino la del más acá,
la que da en la pared por la mañana
y encantaba a mi mujer de pequeña,
la que hace sonreír
al que está por morir,
la que nos acompaña siempre,
la que hace de la oscuridad
una paz fértil,
la que se expande por todo el universo
y hace de él un jardín sorprendente,
sí, al cabo, la que viene del más allá,
pues donde nuestros ojos no llegan
nosotros sí,
la que nos anima y nos da confianza,
la que está dentro de nosotros
y no nos deja desesperar