Durante dos semanas
me ha acompañado
un libro de Chuang Tse
Dentro de él
había una imagen
de una figura de terracota
de la dinastía T´ang,
una dama de la corte
Parecía viva más allá de la vida
y me hablaba con su silencio
Sus manos enlazadas
como en oración
en paz sobre su pecho
Su rostro, maravillosamente tranquilo
siempre vuelve al silencio y la paz
Ahora que he acabado el libro,
¿me despediré de lo que ha dicho
la mujer tranquila?